Desayuno, vianda y cena en el Domo Restaurante, y cordero patagónico al asador.

En Eco Domes se come de dos maneras. Bajo la cúpula del Domo Restaurante, con el Fitz Roy en el ventanal. Y afuera, alrededor del fuego, donde el cordero patagónico se asa como se asó siempre en estas tierras.
Madera, vidrio y mucha luz. Acá se desayuna a la mañana y se cena a la noche, con la montaña en la ventana.

Un tinto
mirando la montaña.
Café recién hecho, jugo, tostadas con palta y huevo, y la primera luz pegándole de frente a la montaña. Temprano, para que salgas al sendero con el día entero por delante.



Una bolsa de papel con todo lo que hace falta para almorzar frente a la laguna. La armamos a la mañana; vos solo tenés que llevarla.


Una cena que cambia con la temporada, un tinto argentino y la sobremesa larga de quien caminó todo el día. La cocina está abierta para los huéspedes hasta las nueve.

El cordero se abre en cruz, se clava junto a las brasas y se deja varias horas, mientras el asador va moviendo la leña. Lo hacemos como se hace acá de toda la vida.

Todo empieza temprano, con leña seca y un fuego que tarda en hacerse brasa.

El cordero se abre entero sobre la cruz de hierro y se inclina hacia el calor. Primero el costillar, después la piel. Sin apuro.
Se hace despacio, durante horas.
Lo servimos con verduras asadas y chimichurri.


Mira el color, toca la carne y sabe cuándo darlo vuelta.
Cuando la piel cruje y la carne se separa sola del hueso, está listo.
Llega con verduras asadas, un poco de chimichurri y un tinto que esté a la altura.
